La maldad del mundo no es ocasionada por Dios.
Aunque ninguna de estas apariciones ha sido aprobada por la Iglesia continúan atrayendo a cientos de personas, que les atribuyen milagros y curaciones.
Jesús fue un tipo escandaloso. Siempre andaba haciendo cosas que enojaban a las autoridades religiosas, porque mostraba más inclinación por la compasión que por la ley.