Se acerca el Día del Padre y a todos aquellos que por cobardía se alejan de sus hijos les dedico estas letras.
Para mi compadre:
Hace un año que no le escribo, pero cada Día del Padre se asoman los recuerdos de cuando me pidió que fuera la madrina de su hija.
O cuando me llamó bañado en llanto, clamando por el bienestar de nuestra niña. Pero de un día para otro las cosas cambiaron y se fue… Emprender nuevos viajes hacia la felicidad siempre es bueno y reconfortante.
Pero buscar la comodidad o la alegría de nuestra vida a costa del dolor ajeno no es la mejor decisión. Más bien es la decisión más desalmada que haya podido tomar.

Hipócrita, poco hombre, egoísta, miedoso, mentiroso, falso y cobarde. Pocos adjetivos para un hombre que no ha dado nada por sus hijos y no me refiero a lo económico.
Otro Día del Padre, otro recuerdito que se queda en la sala del comedor y sin que nadie lo reciba.
Este año todavía preguntaron por usted, compadre; a los 7 años de nuestra niña, aún no es posible creer o vislumbrar la irresponsabilidad de sus actos. En unos años no podremos quedarnos calladas y la verdad saldrá a la luz y dolerá. Cargue ese sentimiento a su conciencia desde hoy.

Muchos expertos en psicología hablan de la falta que hacen los padres y los traumas que pueden tener los seres humanos cuando les falta uno. Pero los estudios hablan de los buenos padres.
No como usted, pero en este caso su lejanía es beneficiosa. Con su mamá es suficiente y no les falta nada, absolutamente nada.