De enero a julio del año en curso, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) registró 4 mil 824 decesos por causas asociadas con hechos criminales en investigación. Durante ese mismo período del año anterior se reportaron 4 mil 837, o sea 13 casos más.
En términos absolutos y porcentuales, el incremento de estos casos de 2019 respecto al año pasado no es significativo, pero sí evidencia que el país, por medio de las dependencias encargadas de la prevención y reducción del crimen, ha sido incapaz de reducir los homicidios en toda la república.
El Inacif clasifica las muertes violentas por ocho causas: por arma de fuego, por arma blanca, cinco diferentes tipos de asfixia y por decapitación. La primera de las causas sigue siendo la de mayor peso a nivel estadístico, pues representa alrededor del 66 por ciento del total de homicidios.

Julio, el mes más violento
Durante julio de 2019, el Inacif reportó 475 muertes violentas. De esas, 337 fueron a consecuencia de arma de fuego, 40 por arma blanca y el resto se reparte en los otros seis tipos clasificados. De estos hechos, 187 se registraron en la capital, una constante que se mantiene en todos los reportes estadísticos del Inacif.
Los otros meses más violentos, cuando la cifra de homicidios superó los 400 casos, fueron: enero, con 415 y marzo, con 410, mientras que los meses de menor incidencia fueron: febrero, con 358 y junio, con 372.
Guatemala continúa siendo uno de los países más violentos de América Latina y con mayor prevalencia de pobreza, cerca del 60 por ciento de las personas vive en esta situación. En ese sentido, no podemos dejar de correlacionar la creciente inmigración de los connacionales a fronteras estadounidenses, en busca de mejores condiciones de vida y una menor exposición a las condiciones hostiles en las que muchos viven.

Las políticas públicas a favor de prevención de la violencia vuelven a quedar manifiestamente en tela de duda y Guatemala sigue estancada en un círculo vicioso del cual es difícil huir.