Muchas veces, vemos la felicidad como algo utópico, subjetivo e imposible de medir. Pensamos que es una meta, cuando en realidad es un estado que experimentamos de forma oscilante durante nuestra vida, tampoco es posible estar felices todo el tiempo. Sin embargo, varios estudios nos muestran que va más allá de una simple emoción y puede tener efectos reales en nuestro bienestar y en todos los aspectos sociales.

En este mundo existen muchos que viven cuestionándose acerca de esta ambigua emoción, la cual define la diferencia entre una vida exitosa y una de fracasos. Según una investigación hecha a 564 parejas, a lo largo del tiempo, las personas que previo a casarse decían ser felices según una escala de felicidad, al cabo de 10 años tenían mucha más probabilidad de seguir casadas, a comparación de las que eran infelices previo al matrimonio. Esto nos demuestra que buscar el bienestar en otros, sin encontrarla de forma individual, es un error que cometemos frecuentemente como seres humanos.   

Foto: escueladefelicidad.com

Una de las principales confusiones respecto a la felicidad es verla como una culminación, un lugar al cual se debe llegar. A veces pensamos cosas como: “Seré feliz cuando tenga dinero”, “seré feliz cuando tenga pareja” o “seré feliz cuando consiga trabajo”. Sin embargo, según investigaciones, la felicidad cuando alcanzamos cualquier objetivo es momentánea y al cabo de unos días, regresamos al estado basal en el que nos encontrábamos antes de conseguirlas. Las metas que creíamos que nos iban a traer mucha alegría, se vuelven parte de la vida y si se basa en seguir consiguiéndolas, se vuelve muy difícil sentirse satisfecho.

Hace varios años, un grupo de psicólogos de la Universidad de Carolina del Norte estudiaron los efectos del Alzheimer en las Hermanas de Notre Dame, en total eran 670 mujeres. Eligieron a un grupo de monjas, ya que, por razones metodológicas, sus condiciones de vida eran muy similares y su estudio iba a ser estadísticamente más válido. Ellas vivían en el mismo lugar, se alimentaban de la misma forma y tenían los mismos hábitos. 

Durante el transcurso de su disertación se dieron cuenta que la madre superiora les había ordenado a las monjas que escribieran una autobiografía, en la cual explicaran el motivo por el cual se habían unido a la congregación. Los científicos abandonaron momentáneamente el estudio inicial y se dedicaron a leer estos textos. De esta forma descubrieron que casualmente, había una relación directa entre la longevidad de las monjas y las emociones positivas. Cruzaron las dos variables, longevidad y felicidad para realizar un análisis. 




Así descubrieron que las monjas que tuvieron mayor cantidad de emociones positivas en la autobiografía vivieron un promedio de siete años más que las demás. De manera cuantitativa, revelaron que el 90 por ciento de las religiosas con emociones positivas vivió hasta los 85 años. Esto los llevó a la conclusión de que la felicidad tiene un efecto positivo sobre la salud y longevidad.

Tanto en las monjas, como en el matrimonio, es evidente que la felicidad previa traía los resultados positivos y no viceversa. Es necesario que aprendamos a ser personas felices, satisfechas con quienes somos, lo que tenemos y lo que hemos logrado; sin pensar que situaciones externas van a traernos esa felicidad que necesitamos. Al final, lo que nos deja esta información es que el bienestar es interno y no viene de algo que nos ganamos o nos regalan, sino de la capacidad de sacar los aspectos positivos de lo que vivimos día a día. 

Asimismo, es crucial aceptar que la felicidad no es permanente y que no todos los momentos son de felicidad. Que las emociones positivas deben superar las negativas en el balance total de nuestras vidas, para que podamos considerarnos personas felices, con vidas exitosas. Esto depende de nuestra capacidad de pensar en lo bueno de las cosas. La positividad es la causante de los momentos largos de felicidad, pues implica el esfuerzo mental de poder expandir nuestra mente del momento actual, a todo lo bueno que tenemos alrededor. 

No es algo sencillo y muchas veces es más difícil para nosotros que ver las cosas malas. Algo curioso que descubrí luego de investigar es que existen muchísimos más estudios relacionados con la depresión y tristeza, que con la felicidad. Depende de nosotros que esto cambie, que no solo sigamos viendo lo malo o enfocándonos en lo negativo. Después de todo, hace sentido la famosa frase de: la felicidad es un camino, no un destino.

 Y tú, ¿qué piensas?


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